Durante los años 20 y 30 del siglo XX, la búsqueda de los puntos de encuentro entre el estilo nacional rumano y el estilo vanguardista internacional se convirtió, a nivel teórico y práctico, en una obsesión para los arquitectos rumanos.

En un artículo titulado La arquitectura rumana de hoy, publicado en 1939, el influyente arquitecto George Matei Cantacuzino afirmaba que “… no ayudaremos al arte rumano limitándonos a copiar los elementos del arte rural sino absorbiendo las cualidades de sus intenciones y experiencias.”. Por tanto, el intercambio y la „contaminación” entre el estilo Neo-r

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umano y el Movimiento Modernista fueron la base de los experimentos arquitectónicos que se desarrollaron en aquellos años.

Muchos trabajos de renombrados arquitectos se caracterizaron por esta experimentación, con resultados más o menos exitosos aunque necesarios para la evolución del estilo. En 1929, Duiliu Marcu presentó un ejemplo de revisión del estilo Neo-rumano en la Exposición Universal de Barcelona (imagen de cabecera); en 1937, en mismo autor mostró en la renovación del Athénée Palace (hoy Hotel Hilton), las posibilidades y los límites de un proyecto que traducía el lenguaje arquitectónico histórico en otro más moderno. Por su parte, los arquitectos Florea Stănculescu y Radu Udroiu, dos de los pioneros en la integración del arte popular y el arte moderno, realizaron una reinterpretación la culă, construcción semifortificada propia de los boyardos de Oltenia y Muntenia. El arquitecto Octav Doicescu, redactor de la influyente revista “Hacia una arquitectura de Bucarest” y teórico del dilema Oriente-Occidente en Rumanía, también puso su granito de arena en la evolución del estilo neo-rumano con ejemplos como el Círculo Militar de Piteşti (imagen, a continuación).



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